jueves, 9 de julio de 2009

Nana, de Chuck Palanhiuk.



Un cántico que en vez de dormir a los bebés, los mata.
Un hombre que perdió a su mujer e hija con ese cántico.
Una vendedora de mansiones encantadas.
Un par de chiflados por el Wiccan.
Ese cántico, esa nana, convertida en una canción con la que matar a ese vecino que pone la música alta, o ese jefe que no para de incordiar.

Como siempre en los libros de Pahlaniuk, uno de los escritores imprescindibles en cualquier biblioteca molona, el drama personal y la miseria humana se ven transportadas a los límites del ridículo y las situaciones surrealistas, en este caso de una manera más moderada en lo repelente de sus habituales descripciones de enfermedades chungas (aunque algo hay) y menos sexualmente marrano.

Eso si, el estílo, el humor negrisimo, y sus personajes de moral más que dudosa, estan ahí, quizás sin la explosión termonuclear que producen sus mejores obras, ya que el protagonista de Nana no tiene el carísma de un Tyler Durden o un Victor Mancini, pero sin duda el nivel de diversión que produce es altisimo. De nuevo es la locura en que se ha convertido la propia sociedad americana el objetivo principal del autor, además de los habituales toques a alguna religión (esta vez los wicannistas se llevan la peor parte).

Como obra iniciática en el retorcido, enfermo y delicioso mundo de Chuck Palanhiuk, me parece la más apropiada junto a "Superviviente".

1 comentarios:

Jessica Jones dijo...

Mas moderada pero no por ello menos buena, que grande es Chuck